Día 15:
Llevo aquí encerrada 2 puñeteros días, y están acabando con mi paciencia.
Desde la charla escalofriante de Robin, no he recibido ni una noticia de fuera,
ni tampoco ninguna visita. No me puedo creer que nadie se haya dado cuenta de
que no estoy…
En ese momento, Marcus hace acto de presencia y vuelve a cerrar con llave
al entrar.
-Antes de que se despierten, te tengo que contar unas cuantas cosas.-me
dice.
-¿Me queda otro remedio?-le contesto.
Hace como si no hubiera oído nada, y me dice:
-La verdadera razón de que Robin te haya encerrado es que la profecía decía
algo más que lo de tu destino; hay una segunda parte, pero Robin nos prohibió
decírtelo.-me explica.
-Pues ahora dímela o ya te estás yendo.-le espeto.
-Vale, el caso es que después de lo de tu gota astral, el texto sagrado
dice que una de las dos gotas astrales, la más poderosa, al descubrir sus
poderes, se volverá en contra de la otra, y sus consecuencias serán tan
terribles que salvará a la aldea o la destruirá con su población entera.-
Hay un silencio ensordecedor; vamos, que no se escucha absolutamente nada.
-Vale, ¿entonces creéis que yo soy la destrucción en persona?-
-Básicamente…si.-
-Oh por dios, ¿enserio crees eso?-
-Yo no he dicho que me lo crea, solo es lo que dice el texto. Pero no he
venido por eso sólo. Tienes que saber que tu primo está borracho en la taberna
del pueblo desde que te fuiste corriendo el día de las prácticas, y tu amiga
Sheila está desaparecida.-
-Entonces que vas a hacer, ¿me dejas salir o no?-
-Bueno, técnicamente no te dejo salir, sólo dejo casualmente la puerta
abierta…-
-Te debo una.-
-¡Ya te lo recordare!-
Corro tanto como mis piernas me lo permiten, hasta que llego a la plaza del
pueblo.
¿Qué cómo encontré la taberna? Muy fácil: sigue a las putas y el riudo, y
se ve enseguida. Bueno que me voy por las ramas. El caso es que llego a la
entrada, y lo primero que veo es a Hunter bebiendo como un camello hasta el
agua de las plantas, por decirlo claro. Me acerco hasta él, y le suelto:
-Me parece perfecto lo que haces oye, de verdad, no me esperaba menos de
ti. Para tu información Sheila está desaparecida, y yo he estado encerrada
durante dos jodidos días en la mierda de cabaña, y sólo se te ocurre
emborracharte ¿para qué?- .-¡RESPÓNDEME
JODER!-
-Y que quieres que te diga eh, ¿que querías que hiciera? Sheila me odia todavía
más que a ti, y no sé porque. Ya le dejé bien claras mis intenciones cuando comencé
a salir con ella, y aún así aceptó, a pesar de las consecuencias. Se piro rumbo
al bosque antesdeayer y no he vuelto a saber de ella. Y respecto a lo tuyo no
se porque me tendría que preocupar. Alejas a todo aquel infeliz que te quiere y
se preocupa por ti, sin ningún puto motivo, asique no sé qué coño vienes
buscando aquí.-
-Vale, pues esto que tuviésemos se ha acabado.-
-Vale.-
Me alejo casi llorando de la mesa, donde hemos dejado atónitos a media
taberna, y me dirijo hacia el recibidor, cuando de repente sale un tipo viejo y
asqueroso, que le huele todo a pura mierda para qué mentiros, y me agarra del
culo. Sin pensarlo, mi mano se acciona como un resorte y se estampa de manera
épica en la cara del viejo que no la ve ni venir. A l principio, se serena y
pone cara de póquer, pero enseguida estalla, resaltándole la vena del cuello.
-Pero qué cojones...ven aquí puta de mierda, ¡que te voy a dar lo que te
mereces!-
-Suéltame, ¡me haces daño!-
-¡Haberlo pensado antes de levantarle la mano a un hombre, zorra!-
Todo el mundo nos está mirando ahora, y el ruido ha cesado, momento que
aprovecha el tio para darme un puñetazo en la cara, haciendo que el dolor, y
algo húmedo y caliente me gotee hacia el cuello, por lo que me caigo al
nublarse mi visión.
Al intentar levantarme, me propina una patada en las costillas, y me agarra
del cuello, levantándome un palmo del suelo. Me estoy asustando de verdad;
cuando estoy viendo puntitos negros, y casi no noto nada, algo hace que el tipo
me suelte, y me dé en la cabeza al caer como un saco contra el suelo. Solamente
distingo una figura borrosa que me es familiar pero no ubico….
Lo primero que veo a mi alrededor, es la cara del tipo que me agarró
inconsciente, lleno de sangre; lo segundo, a Hunter con la cara hecha un Cristo,
probablemente tenga la nariz rota, y lo tercero, a la posadera llamando a
gritos a los guardias.
Me intento levantar del suelo, pero al intentarlo todo me da vueltas y el
dolor me atraviesa como una flecha en la nuca. Al tocarme, me doy cuenta de que
también estoy sangrando.
Ante todo esto, Hunter no pierde tiempo; me coge en brazos sin decir nada,
y salimos por la puerta. Creo que me desmayo.
Lo siguiente que veo, es que estamos en el río. Me deja en el suelo, y sin ni
siquiera mirarme, se mete en el agua. Hasta que no veo el charquito de sangre,
no comprendo por qué se mete.
Reuniendo fuerzas de voluntad, me levanto y me dirijo cojeando al lago.
Noto el agua muy fría, pero ahora mismo eso no importa; delante de mí veo a
Hunter, mirando fijamente el agua, como en estado de shock, y la hemorragia se
le ha cortado. Cuando llego hasta donde él está, le cojo la cara con las manos,
y hago que me mire. Nos quedamos callados por lo que parece una eternidad,
hasta que reacciona, me agarra de la cintura y me atrae hacia su pecho. Intento
controlar las lágrimas que se me acumulan tras los ojos, aunque no puedo evitar
apretarme más contra su cuerpo y oler su aroma. Creo que nunca me había visto
así, porque me coge la cara y me besa. En ese beso pongo todas mis
preocupaciones, mis miedos y mi histeria; puede que no sepa que nos depara el
futuro, pero sólo sé que quiero pasarlo con él
(A ser posible vivos).
Cuando nos separamos, me pongo de puntillas y le beso en la herida. Me
sonríe, y sé que me ha perdonado.
Salimos del agua. Cuando llegamos al campamento, nadie se da cuenta de
nuestra presencia, así que llevo a Hunter a mi habitación.
Esta vez no hay ni ‘’un estás segura’’ ni nos importa el qué dirán, por lo
que entramos en la cabaña en completo silencio.
Abro la puerta; tiro de él para que entre dentro y la cierro. Me quito la
ropa empapada bajo la mirada atenta de Hunter (incluso oigo su respiración
agitada), y me meto en la cama. Tras un momento que se me hace eterno, siento cómo
la cama se hunde bajo el peso, y sus brazos envolviendo, tal que sus labios
descansan en mi pulso. Me doy la vuelta, y veo que se ha quitado la camisa. Lo
rodeo con los brazos, apretándome contra él, aspiro su aroma a menta, y caigo
en un profundo sueño.