Día 6:
Me despierto y empiezo a ver tan sólo puntitos negros, que luego se
transforman en líneas e imágenes a color. La habitación está en penumbra, por
lo que sólo alcanzo a ver una figura en la oscuridad que está recostada contra
el respaldo de una silla al lado de mi cama.
La figura se comienza a desperezar como un gato, y me responde:
-Buenas tardes, dormilona.-es Robin, pero está con el pelo alborotado, y la
camisa entreabierta, dejando ver parte de su cuerpo, como si no hubiera pegado
ojo en toda la noche.
-¿Cuánto he dormido?-pregunto. En ese momento me doy cuenta de que mi
vestido está en un perchero de la habitación, colgado y limpio. Qué ironía. Así
que estoy como la primera vez que nos conocimos; en bragas y sujetador.
Me tapo un poco más, y me responde, (sin dejar de mirar más a lo que hay
debajo de la clavícula que a mi cara):
-Unos 2 días. ¿Cómo te encuentras?-me pregunta. Acerca su mano a la mía, y
me la coge. Recibo escalofríos desde la parte interna de la mano hasta la
espalda. Contengo la respiración; él también, y se queda mirando mis manos.
-He estado muy preocupado por ti.-me susurra.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que se ha abalanzado sobre mí y me está
besando. Me aparto de él como puedo, y se tumba encima mía; cuando me doy
cuenta, se ha quitado la camiseta y me está recorriendo el cuello con sus
labios. Con gran esfuerzo, lo aparto de mí y vuelvo a la realidad. Si él tiene
las mejillas arreboladas, y los ojos le brillan, como debo de estar yo…
Me está besando otra vez. No me lo puedo creer:
-Espera, espera…vamos a dejar las cosas claras. No te puedes ir
aprovechando por ahí de todas las chicas que ves. A mí no me vuelvas a tocar si
yo no te lo pido, ¿entendido? -le digo cuando lo aparto y se tumba a mi
lado.
Respiramos entre cortadamente; nos quedamos en silencio durante un rato,
mirándonos profundamente; me embarga el sentimiento de la culpabilidad; me
acuerdo de Hunter, y le digo:
-Oye, Robin, ¿dónde está Hunter?-le pregunto.
-Ah, lo he mandado a buscar a tus hermanos y a tus amigas. No veas el
trabajo que me ha costado convencerlo.-me cuenta.
Cada vez me siento más culpable, pero no por remordimiento, sino porque
siento que lo he traicionado, y estoy haciendo algo mal.
En ese momento llaman a la puerta; ¡es Hunter!
A la velocidad de un rayo, Robin salta de la cama, me tira el vestido para
que me lo ponga y abre la puerta.
-¿Ola, cómo está Mara?-pregunta angustiado Hunter.
-Estoy aquí, Hunter.-le digo.
-Hay, Mara qué susto me has dado; si te llega a pasar algo, yo, yo…-me
empieza a decir. No puedo seguir aguantando y me tiro a su cuello. Creo que
estuvimos demasiado tiempo así, abrazados; yo inspirando su aroma característico,
como si se acabara de bañar, y él enredando sus dedos en mi cabello.
Casi me dejo llevar, pero advierto por el rabillo del ojo, que Robin nos
mira con rabia contenida, junto con mis hermanos y mis amigas, que acaban de
entrar al cuarto.
Cuando nos separamos Hunter y yo (para mi disgusto), advierto que mi
hermana y Floreen se quedan mirando a Robin, cuando caigo en la cuenta de
que se le ha olvidado ponerse la camiseta, y está a pecho descubierto,
revelando lo que escondía debajo de la camisa; unos abdominales tan definidos,
que si no fuera porque los he tocado, diría que son falsos.
Me quedo callada, mirando fijamente a Hunter, intentando descifrar lo que
oculta su mirada de impasibilidad; diría que acabo de ver un destello de dolor
dentro de ellos, y siento como si me desgarraran por dentro.
Se aparta de mí, como si no pasara nada, mientras Floreen me mira como
flipada (creo que acaba de deducir qué estábamos haciendo hace un momento Robin
y yo).
Menos mal que mi hermana me salva de contestar a sus preguntas diciendo:
-Bueno, ¿y tú quién eres?-le dice a Robin.
-Soy Robin, aunque aquí me conocen como el hijo del titán.-le dice mientras
la mira fijamente.
-Aaahhh… Así que tú eres el buenorro que se coló el otro día por la ventana
de mi hermana.-le dice a un sorprendido Robin.
-Bueno, eso es lo que nos ha dicho mi hermana.- (¡será mentirosa!) le dice
con una sonrisa maliciosa.
-¡Eso no es verdad!-replico enfadada.
-Vaya; así que esta es tu hermana melliza, Mara.-me dice al tiempo que le
sonríe.
Debería molestarme, pero me da igual, no me siento mal por eso, sino por
Hunter; así que le cojo la mano y me mira con una pizca de brillo en sus
preciosos ojos verdes.
-Mara, ¿nos vamos a un sitio más tranquilo mientras Robin les explica lo
que te contó a ti a tus hermanos?-me susurra dulcemente al oído.
Asiento casi sin darme cuenta, y mientras tanto, trato de asimilar que voy
a pasar un rato a solas con Hunter; él nos disculpa delante de todos y me
conduce a la puerta.
Al salir, enfrente nuestra se encuentra un espacio reservado para lo que
creo que es una especie de cocina, con su carpa y todo ¿qué cómo lo sé? Por el
olor a bollos de canela. Torcemos a la izquierda, y nos encontramos con Marcus,
que me dice que qué susto les había dado a todos. Trato de sonreír, sin pensar
en lo que acaba de pasar con Robin en la cabaña, y Hunter queriendo
hablar conmigo.
Cuando llegamos a un espacio apartado del campamento, me dice:
-Mira Maya, antes de que siga lo tuyo con Robin, debes saber una
cosa…-(¡oh, no; creo que sé lo que está a punto de hacer!)
-No sé cómo decir estas cosas, así que te las diré de un tirón: Me gustas,
Mara; me gustas mucho, y estoy enamorado de ti desde los 10 años. Nunca dejo de
pensar en ti de esa forma, y mira que siendo primos lo he pensado mucho, pero
no puedo dejar de amarte con todo mi corazón, y paso de lo que digan los demás;
sé que podemos estar juntos, sólo si tú quieres. No tienes porqué conformarte
con Robin. Mira cómo miraba a tu hermana en la cabaña. Sólo os quiere para
salvar a su reino; Os está utilizando. Hazme caso.- (como sabia que se iba a
declarar; la verdad, soy la persona más afortunada del mundo)
Y me besa sin previo aviso. No es un beso como el de la cabaña, que no
expresaba emociones en comparación con este: es un beso apasionado, pero a la
vez dulce; que me hace sentir la persona más feliz del mundo, y hace que
mi corazón lata a mil por hora, como si hubiera estado corriendo una maratón.
Es sin duda, el beso que he estado esperando toda mi vida.
Se separa de mí cuando me empiezo a dejar llevar, y me dice todo alegre:
-Bueno, ¿qué me dices; lo intentamos?-
-Te quiero.-Le digo sonriente; ya nos estamos besando otra vez.
Me abrazo a él y le susurro al oído que lo siento, que fue Robin el que se
abalanzó sobre mí mientras me tumbo a su lado como si las piezas de un puzzle
encajaran en su sitio, lo atraigo hacia mí y lo beso más apasionadamente, hasta
que empieza a oscurecer.
