Día 4:
Ayer acabamos el día
más cansados todavía que el anterior. Fue día de feria en la aldea, así que
tocó ir de compras. Gracias al reloj de mi hermano, que se lo vendió a un
mercader en la feria, tenemos alquilada una casa en el centro del mismo pueblo.
Es preciosa, pequeña pero acogedora, con todas las necesidades primarias de las
que disponemos.
Nos hemos comprados vestidos acordes también con el siglo, el mío es
precioso, de un verde intenso, hecho de seda, y el único adorno que tiene es
una cinta en la cintura, que hace que se me marquen las caderas como a mí me
gustan, y me da forma al pecho que tengo. Hunter, cuando me vio con el vestido,
estaba bebiendo agua, y casi se atraganta. Me dijo que estaba preciosa y me
regaló una cinta para el pelo del mismo color. El único inconveniente del
vestido, es que es muy incómodo si tengo que correr(o pegar a alguien).
Mi hermana, se compró todo lo contrario al mío. ¿Veis a un avestruz con
poco pecho? Pues así va mi hermana. El vestido contiene de por sí solo todos
los colores del arcoíris; creo que si hiciéramos una carrera, ganaría yo, con
una ventaja de una hora; lo más gracioso del asunto, es que lo principal era no
dar el cante, y así os doy a entender porqué a mi hermana la llaman la discreta
en el pueblo.
Sheila y Floreen parecen las gemelas Olsen, de verdad: llevan el mismo
vestido de encaje, tipo princesa, pero de distintos colores; Sheila lo lleva
azul turquesa y Floreen violeta oscuro.
Helena se ha decantado por un vestido sin mangas, tipo palabra de honor,
color rojo pasión. Está preciosa. Y encima lleva sus dos coletas
características descansando en su nuca.
Los chicos se parecen a aldeanos más bien; es que no les apetecía vestirse
de señoritos, por la simple y llana razón de que tendrían que llevar leotardos,
y, como que no. Lo bueno que tiene Hunter con este aspecto es que lleva el pelo
castaño alborotado, dándole reflejos rojizos al pelo el sol, y le da un aspecto
más salvaje y seductor, sé que es imposible, pero juraría que está cada vez más
guapo…
-¿Bueno, qué, cómo estoy?-me pregunta.
-Guapísimo.-le digo, dándole un beso en la mejilla. Nadie sospecharía nada
de mí y Hunter, es lo que hacen los primos que se quieren, ¿no?
Aunque creo que para Hunter significa algo más. De momento, hasta que me
aclare yo misma con mis sentimientos, no lo tocaré más de lo estrictamente
necesario. Aunque es tan difícil…
-Bueno, y ahora, a dormir que mañana tenéis que madrugar.- dice John.
Así que aquí estamos, yo con mi precioso traje verde, y Hunter vestido de
campesino, en el interior del bosque. Nos hemos despedido hace rato de los
demás, y nos hemos adentrado, pero aquí no se ve a nadie.
Me acaba de coger de la mano. Estoy temblando, pero no sé si por su mano
sobre la mía o por el frío que hace en el bosque.
Acabamos de descubrir de dónde procede el frío: hay un lago con una cascada
en el corazón del bosque.
-¡MARA!-me llama Hunter. Sin darme cuenta he pisado una rama y estoy
colgando en una red.
-¡HUNTER, NO ME DEJES SOLA!-le grito.
¡NUNCA!-me dice él. Saca un cuchillo y corta la red. Caigo mal al suelo y
me recorre un dolor agudo por el muslo.
De repente salen muchachos de los arbustos, entre los que está el chico de
la posada: Robin.
-¡Tú, me has roto la mejor red que tenemos!-le dice a Hunter.
Sin mediar palabra, Hunter se abalanza sobre Robin y le empieza a dar una
paliza sin precedentes.
Nadie es capaz de pararle, hasta que recuerdo las palabras de Robin en la
posada: ’’traería la luna si tú se lo pidieses’’.
-¡HUNTER, PARA!-le grito. En ese momento todo el mundo se vuelve, hasta el
ensangrentado Robin, y se quedan mirando cómo Hunter me hace caso, y vuelve a
cogerme la mano, pero me pone detrás suya, como con ademán protector.
-Mara, no tendría que haberte dejado venir.-me dice sin dejar de mirar a
Robin de reojo.
-Perdona, pero creo que no soy yo la que le pega la paliza al único que
sabe cómo poder salir de aquí.-replico, dolida ante su tono.
-Yo no quería decir eso…-replica.
-Bueno, pero lo has hecho igualmente.-le corto.
-Siento mucho el comportamiento de mi primo, de verdad. ¿Nos sigues
queriendo ayudar, no?-me quedo mirando fijamente a Robin.
-Sí, claro, pero sólo lo hago por ti, preciosa. Por cierto, bonito
vestido.-me dice.
-Basta ya de tanta ceremonia, Robin. ¿Ésta es la que tiene el don?- le
corta un chico corpulento, de cabello rubio verdoso y ojos grises como los de
Robin, que parece tener la cabeza de un toro. Para mirarlo fijamente, tienes
que levantar la vista hasta el límite. Por lo menos me saca tres cabezas.
-Sí, es ella.-le responde Robin.
-Espera, ¿de qué don estáis hablando?-les pregunto.
-¿No lo sabe, Robin? ¿No se lo has contado?-le dice el otro chico, como si
yo no estuviera delante.
-No, Marcus, se lo iba a contar ahora, para no asustarla, pero gracias.-le
dice acusatoriamente.
Se nota que se ha enfadado con él, y no quiere que me asuste por algo; pero
ya a estas alturas, dudo mucho de que me vaya a sorprender algo. Aunque me
equivocaba.
-Mira Mara, lo que te tengo que contar tiene que ser… ummm, como decirlo…-
-¿A solas?-acabo por él.
-Sí, exacto.-corrobora.
Me lleva a un claro que hay detrás del lago, a pesar de las protestas de
Hunter, de que no me fíe de él, que puede ser una trampa…Vamos, que está
completamente celoso.
Nos sentamos en un peñón que sobresale del suelo y me empieza a hablar
lentamente, como si fuera un cervatillo asustado:
-Mara, ¿me prometes que no te irás hasta que no me escuches?-
-Te lo prometo, Robin.-le dije.
-Vale, tienes que saber que por aquí, las cosas no son lo que parecen. Este
pueblo está conectado con un portal interdimensional…-
-Que se supone que es por donde hemos salido nosotros, ¿no?-le corto.
-No me interrumpas, por favor.-me dice.
-Vale, vale.-le prometo.
-Bueno, por dónde iba… Ah, sí, el portal; vale, pues por el portal por
donde habéis venido, habita un brujo desterrado, que practicaba la magia en
personas, y mi padre lo desterró de su reino…-
-Lo siento, pero… ¿tu padre es el rey? ¿Y tú el príncipe?-
-Sí, soy Robin de la casa de los lagos, y mi padre se llama Edgard, rey de
estas tierras. Cuando mi padre lo desterró de su reino, el brujo sin nombre nos
amenazó a todos de muerte, diciendo, que cuando se liberase, la desolación
correría por las calles del reino, y que nos sumiría a todos en la oscuridad.
De esto hace 15 años exactamente, y el brujo no había dado señales de vida,
bueno, hasta que vosotros llegasteis. El brujo ha escapado del vórtice, y mi
padre fue a consultar al oráculo de la ciudad, y le dijo que debía buscar a una
chica de 15 años, que pasara desapercibida, y a su copia astral, ya que entre
ellas dos poseen el don más fuerte del que se ha hablado en todo el mundo. Y ya
te he encontrado, pero no sé a qué se refería el brujo con lo de la copia
astral…-
-Yo sí lo sé; se refiere a mi hermana melliza.-
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