domingo, 18 de enero de 2015

Poderes compartidos: en busca del primer amor(segunda subida)


BUENO CHICOS, COMO YA OS LO IBA DEBIENDO, AQUÍ ESTÁ EL SEGUNDO DÍA DE MI LIBRO!! 
ESPERO QUE LO DISFRUTEN BESOS:)

Día 2: 
Misteriosamente, no la hemos palmado (excepto el cerebro de mis hermanos, aunque yo creo que ese la palmó cuando nacieron).
Nos encontramos en una especie de pozo abandonado. Cuando hemos intentado salir, John, que iba el primero, se ha resbalado y me ha puesto el culo en toda la cara (QUE ASCO POR DIOS); así que nos hemos caído todos. Ahora intentamos poner a John el último, y Hunter va el primero. Tras exasperantes intentos de intentar salir de la mierda de pozo (es que ya me está sacando de quicio), por fin Hunter consigue salir y tirar de mí.
Cuando por fin estuvimos todos arriba, empezamos a darnos cuenta de que, o era un pueblo muy raro, o estábamos en un decorado del siglo XVII. En la entrada del pueblo, discurría un río donde  se encontraban las primeras casas hechas de madera, y había un puente que cruzaba toda la ciudad por donde pasaban carruajes decorados con cintas y seda de todos los colores, desde azules aguamarinas hasta negros azabaches, indicando los escudos de las familias nobles a los que pertenecían; además de los carruajes, entre los campesinos y los siervos, también se encontraba una especie de compañía de titiriteros y bailarines (que más bien parecían bufones).
Tras quedarnos flipados, Hunter dijo:   -Bueno, vamos a ver de qué va esta broma, ¿no, Mara?-
Yo asentí, y nos dirigimos hacia el puente.
Cuando estábamos saliendo del bosque, todo el mundo se nos queda mirando, sobre todo a mí y a mi hermana, ya que yo llevo tan solo un top verde y unas calzonas vaqueras, aunque ella iba peor, porque parecía una vaquera del oeste; con la camisa a cuadros rojos y rosas arremangada hasta el borde del sujetador; su súper piercing dorado en el ombligo, que parece un semáforo en ámbar; sus shorts, que han evolucionado de calzonas a bragas, y sus botas tipo Hannah Montana.
 Aunque tengo que decir que ninguna íbamos tipo señoritas recatadas, porque Floreen llevaba sólo el bikini, Helena iba en bañador, y Sheila iba igual que yo, excepto porque tenía el top amarillo brillante (creo que las que más decentes íbamos éramos yo y Sheila).
Y encima, Hunter iba sin camiseta, sólo con las bermudas, (y hay que admitirlo, está buenísimo, y es una pena que sea mi primo, porque si no, hace mucho tiempo que saldría con él), y el tonto de John con su camiseta favorita de World of Warcraft, esa en la que sólo hay sangre y miembros cercenados, vamos, la mejor camiseta que tiene).
Así que en resumen, que se quedaron alucinados hasta los que parecían muertos de hambre en el puente.
Llegamos a las puertas de la ciudad muertos de vergüenza, en las que había un guardia de la ciudad que nos echaba unas miradas asesinas, se comportaba como un viejo, y parecía tener no más de  30 y pocos. En cambio, el otro guardia no tendría más de los años que tiene John, y nos echaba unas miradas, sobre todo a Floreen… ¡¡Parecía que se la estuviera comiendo!!
El mayor, nos dijo: -No se puede entrar, tenéis la entrada prohibida-.
-¡¡Pero si no sabéis ni quiénes somos!!-Estalló Hunter.
-Eso no quiere decir que os dejemos entrar con esos ropajes, señor-.Nos explicó.
¿¿¿¿ROPAJES????
-¡¡No hay derecho!!Solo porque estemos en un decorado de mierda de una película de los 80…-Dije.
¿Qué es una película?-Saltó el otro guardia.
¿Nos estaban tomando el pelo los del pueblo? Porque esto no tenía sentido.
-¿¿En serio, tío??-Saltó John.
Por poco no le pega una paliza el otro guardia a mi hermano, menos mal que mi primo los separó (parece increíble, pero mi primo de 14 años tiene más fuerza que mi hermano y el guardia; como digo, está muy, muy bueno), y le preguntó al guardia que en qué año estábamos; y va el otro y ¡¡le responde que en 1654!!
Nos quedamos parados como estatuas mientras el guardia habla con Hunter (a solas). Cuando acaban de hablar Hunter nos dice que no es mentira, que en realidad estamos en el siglo XVII, en un pequeño pueblo de las afueras, justo donde estaba el convento de las monjas.
A mí todavía a estas alturas me cuesta mucho imaginármelo.

Creo que esa noche dormimos en una posada de las afueras. No lo sé, no estoy segura, todavía estoy confusa.

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